¿Por qué nos preocupa menos el cambio climático? Fatiga climática, saturación y desconexión
Durante años hemos escuchado que la preocupación por el cambio climático no dejaba de crecer. Las nuevas generaciones parecían especialmente sensibilizadas y la sostenibilidad ocupaba cada vez más espacio en la conversación pública.
Sin embargo, los últimos datos dibujan una realidad diferente.
En 2019, el 67,1% de la población española afirmaba estar muy preocupada por el cambio climático. En 2025, esa proporción se ha reducido hasta el 42%. En seis años, la preocupación intensa ha caído más de 25 puntos.
Esta caída no significa necesariamente que la sociedad haya dejado de considerar grave el cambio climático. Puede estar mostrando otra realidad: una dificultad creciente para mantener la atención y la implicación ante un problema percibido como enorme, prolongado y difícil de resolver.
Cuando las noticias sobre temperaturas extremas, incendios, sequías o pérdida de biodiversidad se repiten sin mostrar soluciones claras, la alarma puede transformarse en cansancio, impotencia o desconexión.
A este fenómeno se le suele llamar fatiga climática.
¿Qué es la fatiga climática?
La fatiga climática es el desgaste emocional y mental que puede producir la exposición repetida a noticias, mensajes y advertencias sobre el cambio climático.
No es una enfermedad ni un diagnóstico clínico. Es una forma de describir una reacción de cansancio, saturación o rechazo ante una conversación climática que parece repetirse sin ofrecer avances visibles.
Una persona con fatiga climática no tiene por qué negar el cambio climático. Puede reconocer su gravedad y, al mismo tiempo:
- Evitar las noticias relacionadas con el clima.
- Prestarles cada vez menos atención.
- Sentir que ya conoce suficientemente el problema.
- Pensar que no puede hacer nada útil.
- Rechazar mensajes que percibe como repetitivos o moralizantes.
- Abandonar algunos hábitos porque considera que no sirven.
- Desplazar la sostenibilidad frente a preocupaciones más inmediatas.
La fatiga climática no demuestra que informar sobre el cambio climático sea innecesario. Indica que importa tanto qué se comunica como cómo se comunica.
Fatiga climática, ecoansiedad, apatía y negacionismo: no son lo mismo
Estos conceptos pueden estar relacionados, pero describen respuestas diferentes ante la crisis climática.
| Concepto | Definición |
|---|---|
| Ecoansiedad | Miedo, preocupación o angustia ante la crisis ambiental. |
| Fatiga climática | Cansancio y saturación ante la repetición de noticias y mensajes climáticos. |
| Apatía climática | Pérdida de interés o motivación para actuar. |
| Bloqueo climático | Sensación de incapacidad para responder ante la magnitud del problema. |
| Negacionismo climático | Rechazo o cuestionamiento de la existencia, gravedad o causas del cambio climático. |
La ecoansiedad mantiene el problema emocionalmente presente. La fatiga climática puede llevar a intentar apartarlo.
Una persona puede pasar de la preocupación intensa al cansancio. También puede alternar ambas respuestas: sentirse angustiada durante un incendio o una ola de calor y, semanas después, evitar cualquier información relacionada con el clima.
Puedes ampliar esta diferencia en nuestro artículo sobre qué es la ecoansiedad, cuáles son sus síntomas y cómo afrontarla.
La preocupación por el cambio climático ha caído 25 puntos en España
El informe El consumo sostenible y los productos certificados 2026, elaborado por ClicKoala y el Grupo de Investigación en Psicología Ambiental de la Universidad de Castilla-La Mancha, analiza la evolución de la sociedad española desde 2019.
El estudio se basa en 2.000 entrevistas representativas de la población española. La serie acumula más de 16.000 entrevistas y permite observar cómo han cambiado las actitudes, emociones y conductas relacionadas con la sostenibilidad.
En 2019, el 67,1% de la población se declaraba muy preocupada por el cambio climático. En 2025, el porcentaje baja hasta el 42%.
Al mismo tiempo, aumenta el grupo moderadamente preocupado, que pasa del 26% al 35,5%. Esto indica que el cambio climático sigue considerándose un problema, pero se vive con menor intensidad.
El desgaste también aparece en otros problemas ambientales:
- La preocupación intensa por el exceso de plásticos cae del 66% al 45%.
- La preocupación por la pérdida de biodiversidad pasa del 63% al 42%.
- La preocupación por la contaminación urbana baja del 59% al 40%.
No estamos únicamente ante un cambio de opinión. Los datos muestran una pérdida general de intensidad emocional alrededor de los problemas ambientales.
Puedes consultar todos los resultados en nuestro análisis sobre el consumo sostenible en España en 2026.
¿Por qué cada vez preocupa menos el cambio climático?
No existe una única explicación. La caída de la preocupación climática puede surgir de la combinación de varios factores sociales, económicos, emocionales e informativos.
1. El cambio climático compite con otras preocupaciones
Las personas no ordenan sus inquietudes de forma aislada. La crisis climática compite con la economía, la vivienda, el empleo, los conflictos bélicos, la salud, la inseguridad y la situación política.
En 2025, las guerras y los conflictos internacionales encabezaban las preocupaciones de la población española, seguidos por la situación política. Los problemas ambientales continuaban presentes, pero compartían espacio con amenazas que muchas personas percibían como más inmediatas.
Las crisis económicas y geopolíticas pueden desplazar la sostenibilidad cuando el precio, la seguridad o la disponibilidad se convierten en prioridades urgentes.
No significa que el clima deje de importar. Significa que la atención, el tiempo y los recursos emocionales son limitados.
2. El problema parece permanente
Las personas pueden reaccionar con intensidad ante una amenaza concreta y temporal. El cambio climático, en cambio, se presenta como una crisis prolongada, global y sin una fecha clara de resolución.
Durante años se suceden mensajes sobre nuevos récords de temperatura, pérdida de especies, falta de agua, fenómenos extremos e incumplimiento de objetivos climáticos.
Cuando la amenaza se convierte en un fondo informativo permanente, puede perder capacidad para captar la atención.
La repetición no siempre refuerza un mensaje. En determinadas circunstancias, puede provocar habituación: las personas se acostumbran a escuchar la misma advertencia y responden cada vez con menor intensidad.
3. Las noticias muestran el problema, pero no siempre la salida
El alarmismo puede llamar la atención, especialmente ante una emergencia. Sin embargo, una comunicación basada únicamente en amenazas puede producir impotencia.
Los mensajes climáticos tienen más posibilidades de movilizar cuando combinan:
- Una explicación clara del problema.
- Soluciones alcanzables.
- Ejemplos concretos.
- Resultados visibles.
- Acción colectiva.
- Una distribución justa de las responsabilidades.
Los mensajes alarmistas sin soluciones pueden alimentar la saturación y la desconexión. En cambio, los ejemplos de acción colectiva, los logros concretos y la percepción de resultados refuerzan la motivación.
4. Muchas personas sienten que sus acciones no sirven
La responsabilidad personal ante el cambio climático sigue siendo una idea compartida. Sin embargo, se debilita la convicción de que las acciones individuales puedan cambiar realmente la situación.
En 2025, el 43,3% de la población estaba de acuerdo con la afirmación de que sus acciones no sirven de nada si quienes realmente pueden actuar no lo hacen.
Ese pensamiento resulta comprensible. Separar residuos, reducir el plástico o utilizar menos el coche puede parecer insuficiente cuando grandes empresas, gobiernos o sectores económicos mantienen un impacto mucho mayor.
Pero esa sensación de inutilidad puede tener una consecuencia: dejar de actuar incluso en aquello que sí está a nuestro alcance.
La solución no consiste en convencer a las personas de que pueden resolver individualmente el cambio climático. Consiste en mostrar que sus decisiones forman parte de transformaciones colectivas y que la responsabilidad debe distribuirse según la capacidad de impacto de cada agente.
5. La sostenibilidad puede percibirse como difícil o cara
La preocupación se mantiene mejor cuando las personas pueden convertirla en decisiones concretas.
Si consumir de forma sostenible implica pagar más, desplazarse lejos, interpretar etiquetas complejas o renunciar constantemente a la comodidad, el compromiso resulta más difícil de mantener.
El informe de ClicKoala muestra que la sostenibilidad se debilita cuando se percibe como:
- Difícil.
- Cara.
- Confusa.
- Poco accesible.
- Poco eficaz.
En cambio, los hábitos más extendidos son aquellos que resultan sencillos y tienen una utilidad visible. El 63% de la población dona, regala o vende los objetos que ya no utiliza y el 58% separa habitualmente sus residuos.
Cuando una acción encaja en la vida cotidiana y su sentido se entiende, es más fácil mantenerla.
6. La información contradictoria deteriora la confianza
La ciudadanía recibe mensajes climáticos procedentes de medios de comunicación, instituciones, empresas, activistas, partidos políticos y redes sociales.
No todos utilizan los mismos datos ni persiguen los mismos objetivos.
A esto se añade el greenwashing: productos y campañas que emplean expresiones como “verde”, “natural”, “responsable” o “respetuoso” sin explicar con claridad qué mejoras garantizan.
La confusión puede producir desconfianza. Cuando las personas no saben qué información creer o qué opciones funcionan realmente, pueden optar por desconectar.
En nuestro artículo sobre ecopostureo o greenwashing explicamos cómo identificar este tipo de mensajes.
7. La conversación climática se ha politizado
El cambio climático es una cuestión científica y ambiental, pero también se ha convertido en un elemento de confrontación política.
Las medidas relacionadas con la movilidad, los impuestos, la energía, la agricultura o el consumo afectan a intereses económicos y formas de vida. Por eso, la conversación climática puede percibirse como partidista, moralizante o identitaria.
Cuando una persona interpreta que aceptar un mensaje climático implica identificarse con un grupo político o social, aumenta la posibilidad de rechazo.
La fatiga puede aparecer no solo por el problema ambiental, sino también por el conflicto permanente que lo rodea.
Los jóvenes muestran el mayor desgaste climático
Uno de los resultados más relevantes del informe aparece al analizar la evolución por edades.
En 2019, los menores de 35 años figuraban entre los grupos más preocupados. En 2025, presentan algunas de las mayores caídas.
Entre los hombres de 16 a 24 años, el porcentaje de quienes se declaran muy preocupados baja del 68% al 27,2%.
Entre las mujeres de esa edad, pasa del 73,9% al 35,2%.
También desciende con fuerza entre las personas de 25 a 34 años.
Este resultado no debería interpretarse automáticamente como indiferencia juvenil. Los jóvenes han crecido expuestos a advertencias sobre un futuro marcado por temperaturas extremas, escasez de recursos, pérdida de biodiversidad e incertidumbre económica.
Pueden reconocer la gravedad del problema y, al mismo tiempo, sentir:
- Que las soluciones avanzan demasiado lentamente.
- Que las instituciones no responden.
- Que se les exige cambiar mientras otros agentes mantienen su impacto.
- Que su futuro ya está condicionado.
- Que actuar individualmente resulta insuficiente.
La preocupación puede convivir con impotencia, enfado y desconfianza hacia la respuesta institucional.
La clave no es pedir a los jóvenes que se preocupen todavía más. Es ofrecerles capacidad de participación, resultados visibles y vías colectivas de respuesta.
De la preocupación al cansancio: cómo puede aparecer la fatiga climática
La fatiga climática no aparece necesariamente de un día para otro. Puede desarrollarse como un proceso.
Primera fase: atención
La persona recibe información sobre el problema y considera que merece atención.
Segunda fase: preocupación
Comprende la gravedad de la crisis y siente miedo, tristeza, indignación o ansiedad.
Tercera fase: búsqueda de respuesta
Intenta cambiar hábitos, informarse, participar o pedir actuaciones políticas y empresariales.
Cuarta fase: frustración
Percibe que los avances son lentos, que sus decisiones tienen poco impacto o que las soluciones no dependen de ella.
Quinta fase: saturación
La información empieza a resultar repetitiva, agotadora o emocionalmente difícil de gestionar.
Sexta fase: desconexión
Reduce su exposición a las noticias, evita el tema o deja de mantener algunos comportamientos sostenibles.
Este recorrido no es inevitable ni se produce igual en todas las personas. La sensación de eficacia puede interrumpirlo.
Cuando alguien observa que una acción genera resultados, la preocupación puede transformarse en compromiso. Cuando no encuentra ninguna salida, puede convertirse en bloqueo.
Cuatro formas de responder ante la crisis climática
El informe de ClicKoala cruza dos dimensiones:
- La ansiedad o preocupación climática.
- La autoeficacia, entendida como la sensación de que nuestras acciones cuentan.
A partir de esa relación identifica cuatro perfiles.
Personas transformadoras
Representan el 11,5% de la población.
Sienten una preocupación elevada, pero también creen que actuar tiene sentido. La emoción se convierte en hábitos, búsqueda de información y apoyo a medidas públicas.
Personas bloqueadas
Suponen el 19,8%.
El cambio climático les preocupa, pero sienten que no disponen de capacidad real para responder. La ansiedad puede transformarse en frustración, agotamiento o parálisis.
Personas tranquilas
Representan el 20,2%.
No viven el problema con una carga emocional tan intensa, pero confían en que sus decisiones sirven. Mantienen hábitos responsables desde una perspectiva práctica.
Personas desconectadas
Son el grupo más numeroso, con un 48,6%.
Combinan una baja ansiedad climática con una baja percepción de eficacia. El clima ocupa un lugar secundario y la sostenibilidad pierde peso en sus decisiones.
Estos perfiles muestran que preocuparse mucho no garantiza actuar y que una menor ansiedad no implica necesariamente indiferencia.
La variable decisiva es, en buena medida, sentir que existe una respuesta posible.
¿Cuáles son las señales de fatiga climática?
La fatiga climática puede manifestarse de diferentes maneras:
- Evitar deliberadamente las noticias ambientales.
- Sentir irritación cuando vuelve a hablarse del cambio climático.
- Pensar que todos los mensajes dicen lo mismo.
- Desconfiar de cualquier campaña climática.
- Perder interés por hábitos que antes se consideraban importantes.
- Sentir que ninguna acción tendrá un impacto suficiente.
- Rechazar medidas ambientales por cansancio antes de analizarlas.
- Considerar que la responsabilidad recae siempre sobre el consumidor.
- Sentir culpa por no hacer lo suficiente y, después, abandonar.
- Dejar de participar porque no se observan resultados.
Estas señales no permiten realizar un diagnóstico psicológico. Describen respuestas posibles ante la saturación climática.
Cuando el malestar incluye ansiedad persistente, alteraciones del sueño, dificultades de concentración o interferencias en la vida cotidiana, conviene consultar con un profesional de la salud mental.
¿Cómo evitar que la preocupación climática se convierta en apatía?
La solución no consiste en ignorar el cambio climático ni en dejar de comunicar sus consecuencias.
Consiste en construir una relación más útil con la información y con la acción.
1. Limitar la sobreexposición informativa
Estar informado no exige consumir noticias climáticas constantemente.
Puede ser útil:
- Elegir fuentes fiables.
- Reducir el seguimiento compulsivo.
- Establecer momentos concretos para informarse.
- Evitar la acumulación de contenidos alarmistas.
- Combinar información sobre problemas con información sobre soluciones.
2. Sustituir la perfección por la continuidad
Eliminar completamente el impacto ambiental personal es imposible.
La búsqueda de perfección puede generar culpa y abandono. Resulta más eficaz mantener algunos hábitos realistas que intentar cambiarlo todo durante un periodo breve.
3. Elegir acciones con resultados comprensibles
Las acciones se sostienen mejor cuando sabemos para qué sirven.
Por ejemplo:
- Evitar el desperdicio alimentario.
- Reparar antes de sustituir.
- Donar o vender objetos que ya no utilizamos.
- Reducir productos de un solo uso.
- Ahorrar energía y agua.
- Comprar productos certificados cuando resulte posible.
- Apoyar comercios y productores cercanos.
- Utilizar medios de transporte con menor impacto cuando estén disponibles.
No todas las personas pueden adoptar las mismas medidas. El contexto económico, territorial, laboral y familiar también importa.
4. Participar en acciones colectivas
El cambio climático no puede resolverse mediante decisiones individuales aisladas.
Las iniciativas vecinales, las asociaciones, las cooperativas, los proyectos ambientales, la participación pública y las campañas colectivas pueden reforzar la percepción de eficacia.
La acción colectiva también permite repartir responsabilidades y evitar que toda la carga recaiga sobre el consumidor.
5. Exigir resultados a empresas e instituciones
La ciudadanía necesita conocer:
- Qué medidas se han aplicado.
- Qué resultados han producido.
- Quién asume sus costes.
- Qué agentes tienen mayor responsabilidad.
- Cómo se controlará su cumplimiento.
Las promesas genéricas alimentan la desconfianza. Los resultados verificables ayudan a mantener el compromiso.
6. Dar visibilidad a los avances
Informar sobre soluciones no significa ocultar la gravedad del problema.
Significa mostrar que el cambio es posible.
Los avances tecnológicos, normativos, empresariales o comunitarios pueden reforzar la esperanza cuando se explican con rigor y sin exageraciones.
La esperanza climática no consiste en pensar que todo saldrá bien. Consiste en reconocer el riesgo y, al mismo tiempo, identificar posibilidades reales de respuesta.
Cómo comunicar el cambio climático sin generar cansancio
La fatiga climática plantea un reto para medios de comunicación, administraciones, organizaciones ambientales y empresas.
No basta con aumentar el volumen de mensajes.
Una comunicación climática útil debería cumplir varias condiciones.
Explicar problemas concretos
Los mensajes excesivamente generales dificultan comprender qué está ocurriendo y qué puede hacerse.
Mostrar quién puede actuar
No toda la responsabilidad corresponde a la ciudadanía. Hay que diferenciar entre:
- Decisiones personales.
- Decisiones empresariales.
- Políticas públicas.
- Transformaciones sectoriales.
Incluir soluciones
Cada diagnóstico debería acompañarse, cuando sea posible, de vías concretas de actuación.
Mostrar resultados
Las personas necesitan saber si una medida ha funcionado y qué impacto ha generado.
Evitar la culpa permanente
El informe de ClicKoala muestra que el 48,7% de la población siente orgullo cuando realiza una compra respetuosa con el medioambiente y con las personas que producen.
En cambio, solo el 21,9% afirma sentir culpa cuando compra algo contrario a sus valores.
Esto sugiere que el orgullo, la coherencia y la utilidad pueden sostener mejor los hábitos que una comunicación basada únicamente en la culpa.
Adaptar el mensaje al público
No todas las personas comparten las mismas motivaciones.
Algunas responden a argumentos ambientales. Otras valoran más el ahorro, la salud, la seguridad, la comodidad, la calidad o el beneficio para su comunidad.
Una comunicación eficaz no obliga a todas las personas a llegar a la sostenibilidad por el mismo camino.
¿Preocuparse menos significa que el cambio climático importa menos?
No necesariamente.
La caída de la preocupación intensa puede indicar:
- Habituación.
- Saturación informativa.
- Desplazamiento por otras crisis.
- Pérdida de confianza.
- Sensación de impotencia.
- Dificultad para mantener la atención.
- Rechazo a la forma de comunicar el problema.
También puede existir un compromiso menos emocional y más práctico. El perfil de las personas tranquilas identificado en el informe mantiene hábitos sostenibles sin experimentar una ansiedad intensa.
Por eso, medir únicamente el grado de preocupación resulta insuficiente.
También debemos observar:
- Qué acciones se mantienen.
- Qué barreras existen.
- Si las personas confían en sus decisiones.
- Qué políticas apoyan.
- Qué responsabilidad atribuyen a empresas e instituciones.
La sostenibilidad necesita algo más que preocupación
Durante años, gran parte de la comunicación climática ha intentado aumentar la conciencia sobre el problema.
Esa tarea sigue siendo necesaria, pero ya no es suficiente.
Las personas necesitan:
- Saber qué hacer. La información debe ser clara y comprensible.
- Poder hacerlo. Las alternativas deben ser accesibles y económicamente viables.
- Creer que sirve. Deben existir resultados visibles y una sensación de eficacia.
Cuando faltan estas condiciones, la preocupación puede convertirse en cansancio.
La fatiga climática no implica necesariamente que a la sociedad haya dejado de importarle el planeta. Puede indicar que estamos comunicando una crisis prolongada sin ofrecer suficientes salidas.
El reto no consiste en asustar más.
Consiste en transformar la preocupación en capacidad de respuesta.
Puedes consultar los datos completos en nuestro análisis sobre el consumo sostenible en España en 2026 y descargar gratuitamente el informe El consumo sostenible y los productos certificados 2026.
Preguntas frecuentes sobre la fatiga climática
¿Qué es la fatiga climática?
La fatiga climática es una respuesta de cansancio, saturación o desconexión ante la exposición repetida a noticias y mensajes sobre el cambio climático, especialmente cuando el problema se percibe como permanente y difícil de resolver.
¿La fatiga climática es una enfermedad?
No. No constituye por sí misma un diagnóstico clínico. Es un concepto utilizado para describir el agotamiento o el rechazo que puede producir una comunicación climática repetitiva o percibida como ineficaz.
¿Cuál es la diferencia entre ecoansiedad y fatiga climática?
La ecoansiedad se caracteriza principalmente por la preocupación, el miedo o la angustia ante la crisis ambiental. La fatiga climática se relaciona más con el cansancio, la saturación, la evitación y la pérdida de atención.
¿Por qué los jóvenes están menos preocupados por el cambio climático?
Los datos de ClicKoala muestran una fuerte caída de la preocupación intensa entre los menores de 35 años. Entre las posibles explicaciones aparecen la sobreexposición informativa, la frustración ante la lentitud de las respuestas y la sensación de que sus acciones tienen poco impacto. Los datos no permiten atribuir el descenso a una única causa.
¿La fatiga climática puede reducir los hábitos sostenibles?
Puede hacerlo cuando el cansancio se combina con la idea de que las acciones personales no sirven. La sensación de eficacia, los resultados visibles y las alternativas accesibles ayudan a mantener los comportamientos sostenibles.
¿Cómo se puede afrontar la fatiga climática?
Conviene limitar la sobreexposición informativa, elegir acciones asumibles, participar en iniciativas colectivas, evitar la búsqueda de perfección y prestar atención tanto a los problemas como a las soluciones y los avances.